Nunca había entrevistado a una pornstar; es más: nunca había siquiera conversado con una. Nunca he visto una película porno completa, no trato de ser mojigato, simplemente no es mi onda. Pero uno de mis mejores amigos ?no quiero decir su nombre, lo llamaremos Capi V? es fan del porn. Y se emocionó cuando le conté lo que iba a hacer.
Una de las mejores cosas de trabajar en una revista como Noyola México es que puedo entrevistar a personajes tan variados como Olga Breeskin (espérala próximamente), Juanito (nos dijo qué le iba a pedir a Santa Claus en la edición de diciembre pasado) y una de las pornstar internacionales más famosas del mundo, la colombiana Esperanza Gómez.
Nos vimos en su cuarto (cómo debe ser), en un hotel de una sola letra de la zona de Polanco. Altísima, de tan sólo 33 años, Esperanza huele delicioso, tan dulce que te dan ganas de contraer diabetes; se parece mucho a su compatriota Sofía Vergara y está casada desde hace siete años con un empresario que es fan de la pornografía. ?Siéntate a mi lado, no te voy a pellizcar?, me dice. 
Me cuenta que desde que era adolescente soñaba con ser actriz porno, que tuvo que tocar varias puertas en Estados Unidos antes de que alguien le diera una oportunidad. De eso han pasado 30 películas y casi 10 años. Platicamos por 20 minutos y mi curiosidad me llevó a buscar una de sus películas en la red. Encontré una, de la que no recuerdo el título. 
Fueron 40 minutos de acción ininterrumpida, 40 minutos de placer que me hicieron entender por qué Esperanza es una de las pornstar más famosas del mundo.
Me sigue sin gustar el porno, pero me encanta Esperanza Gómez.

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